Estrella reconocida a nivel internacional del arte de la danza, Estela Erman, visita frecuentemente nuestra ciudad pero con un perfil sin excentricidades. El motivo es ofrecer el asesoramiento técnico al Estudio Coreográfico de Carina Marzullo, el cual adhiere al método desarrollado por esta diva del ballet. A continuación ofrecemos un relato, en primera persona, de quien a los 15 años partió en búsqueda de cumplir un férreo deseo que la marcó para toda su vida: formarse en el Teatro Bolshoi de Moscú. Fotos: gentileza Carina Marzullo. En la foto: Estela Erman junto a la bailarina y coreógrafa francesa Berangere Andreo. Setiembre del 2010.
Una tarde de mayo, en el estudio de calle Mitre, nos encontramos con Estela. De figura esbelta y de hablar pausado, esta mujer de profunda mirada celeste, reconoció ser una apasionada en todo lo que emprende. La danza, en un primer momento, fue el deseo de su madre. Ella ansiaba tener una bailarina en la familia. Desde pequeña, fue incentivada por sus progenitores para que continúe por ese camino, asistiendo a veladas de ballet y tomando clases con diversos maestros. “Como te digo, nací bailando”, destacó quien es hija del virtuoso acordeonista, ya fallecido, Julio Erman, más conocido como “Gasparín” y quien fuera un gran maestro en ejecutar esa caja sonora con teclado idéntico al piano.
En una de esas tantas idas al teatro, aún siendo niña, vio a unos bailarines que la fascinaron, y desde ese momento supo que ella estudiaría en donde ellos lo habían hecho: en la escuela del Teatro Bolshoi en Moscú.
Antes pasó por el Instituto Superior del Teatro Colón pero su espíritu de permanente búsqueda de la excelencia, hizo que a los 15 años solicitara en la Embajada Rusa de Buenos Aires una beca para ingresar a la Escuela de Ballet más antigua y de mayor prestigio a nivel mundial. Con gran sorpresa, al mes de haber concretado todos los requisitos para obtener la beca, le confirmaron que habían aceptado su ingreso. Su deseo se había hecho realidad pero esto también significó una rápida maduración de su persona ya que partiría sola a tierras lejanas y sin conocer ni siquiera el idioma, pero su tenaz aspiración superó los posibles temores. “Como todas las niñitas que hacíamos danza, éramos muy de la casa, mis padres me llevaban y traían, yo no salía ni a la esquina sola y de repente tuve que tomar un avión e ir al otro lado del mundo donde no entendía nada. Fue algo realmente muy fuerte”, recordó Estela.
La recepción por parte de las autoridades de la escuela fue cálida. Al vicedirector le encomendaron la tarea de enseñarle el idioma, a pesar de que no tenía conocimiento alguno del español, a lo que Estela recurrió, en un principio, a los pocos conocimientos del francés. No eran frecuentes los extranjeros becados; además de ella había unas niñas italianas. Por tres años se formó con el método Vaganova, el cual “es muy exquisito y de mucha precisión, cada movimiento tiene una lógica que lo rige”, manifestó la bailarina quien aclaró que hasta los más grandes exponentes de este arte tienen que hacer dos años de pedagogía para realmente decir que han estudiado bajo esta rigurosa técnica del ballet ruso.
En la foto: correcciones antes de escena de Cantadagio con los bailarines de la Opera de Paris Axel Ibot y Laurent Levy
Su carrera en Europa
A pesar de haber sido elegida para integrar la compañía en el Teatro Bolshoi, Estela tuvo que tomar una nueva decisión para su carrera. Quedarse, implicaba que debía obtener la nacionalidad del país adoptante y regirse con las restricciones de salida que imponía el estado de aquellos tiempos de la década del ´70 en plena Guerra Fría. Decidió partir buscando nuevas oportunidades. Fue en Italia, precisamente en Milán, que integró la compañía de la destacada bailarina italiana Carla Fracci. Luego tuvo la oportunidad de ser parte de otra más pequeña, que su directora había sido discípula de George Balanchine, destacado coreógrafo del ballet estadounidense. En Bélgica, en cambio, ingresó a una compañía de repertorio clásico. Fue en ese tiempo que conoció a Joseph Lazzini, uno de los coreógrafos franceses que dieron nuevo auge a la danza, con un estilo que rompía con las líneas clásicas y con figuras más estilizadas, conocido como el neoclásico. Lazzini recreó piezas de ballet en base a la personalidad de Estela, desarrollándola, incentivándola y potenciándola. Fue en esa conjunción que comienza a perfilarse Estela Erman como bailarina con un estilo propio y que la caracteriza. “Ahí empieza a formarse mi personalidad en la danza. Yo estaba preparada para recibir a este Maestro y a este nuevo concepto. Él fue quien me abrió la mente porque yo era muy clásica, muy estructurada venia de una escuela muy fuerte y de repente él me cambia todas las estructuras, me baja todas esas murallas, me dio libertad de mis formas, así que fue muy interesante, muy maravilloso, y ahí empezó mi carrera internacional”, acotó quien se radicara en la ciudad de París y desde ese momento se convirtiera en una estrella invitada por los mejores teatros europeos.
Su regreso a la Argentina
Invitada en 1985 por el Teatro Colón, interpretó “Cantadagio” y “Apple”, obras de Lazzini, junto al primer bailarín argentino Raúl Candal. Para ella fue muy emocionante la reacción del público local que concurrió masivamente a sus presentaciones. Eso la motivó para quedarse y además inició una etapa de búsqueda interior que frenara el ímpetu a la que su carrera profesional la había sometido. “Cuando uno accede a estos altos niveles de fama y éxito, empieza a sentir el desconformismo. Uno nunca está contento con nada. Así era yo, quería siempre más, tenia 10 contratos quería 20, y todo era más, nunca me alcanzaba porque nunca estaba bien conmigo misma”, reflexionó Estela sobre aquella decisión que marcó un nuevo rumbo para su vida, iniciando un periodo de indagación sobre la meditación, el yoga y otras terapias alternativas. Con toda la experiencia acumulada, Estela se dio cuenta que sus clases de danza en su estudio contenían un método, un método propio que debía sistematizar para poder transmitirlo a otros que desearan aplicarlo.
Un viaje al Fin del Mundo: Nacimiento del Programa de las Escuelas Patagónicas
Convocada por la Secretaría de Cultura de la Nación, Estela viaja a Ushuaia para dar asistencia técnica a docentes de ese lugar. Allí se encuentra con Tatyana Kobzava, quien se convierte en fiel seguidora de su método y crea la Escuela Coreográfica de Ushuaia. Esto incentivó a otros para replicar esta experiencia en Río Grande, Tolhuin, Río Gallegos y Bariloche, formando parte del Programa de Escuelas Patagónicas, lideradas por Erman.
Particularmente, el método se basa en la enseñanza de ejercicios, cuya esencia proviene del yoga y demás trabajos corporales destinados a los niños como para los adultos. Incluye un profundo conocimiento muscular y de articulaciones, a partir del manejo de la energía, junto a ejercicios de respiración y visualización. Todo esto transmitido a través del arte, concebido como amor, sensibilidad y emoción. Actualmente, el total de las escuelas cuenta con 800 niños. A través de esta técnica de aprendizaje se puede llegar a formar bailarines con la técnica clásica, como también brindarla a quienes buscan en esta expresión aspectos más espirituales y de reconocimiento de su propio cuerpo.
En la foto: Estela Erman y Carina Marzullo en la entrada al Louvre, en la asistencia técnica de danza que se realizó en octubre del 2010.
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