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Cuando empecé el Bellas Artes, no sabía quién era Picasso

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AVhoracioferrarifoto_Fabian_FigueroacentroculturalrucacheEl artista plástico Horacio Ferrari recibió a Galería Bariloche en su casa. Uno de los protagonistas del llamado proyecto “Camaleón” recuerda aquella movida colectiva que culminó en la pintada de los paredones ubicados en la calle Juramento. Relata además su experiencia en la escuela de Bellas Artes. Nota para Galería Bariloche de René Vargas. Fotos: Fabián Figueroa.

En la foto Horacio Ferrari junto a jóvenes muralistas en el Centro Cultural Ruca Che.

Podemos apresurarnos en definir a Horacio Ferrari como un artista viajero. Conversamos con él en reiteradas oportunidades sobre temas aislados-a veces no tanto-, hasta concretar esta entrevista. El artista nos recibió en su casa ubicada en el barrio Villa Jamaica, después de la primera nevada en la ciudad y en plena mudanza.

De su llegada a Bariloche pasaron seis años, luego de haber pintado murales en casi la mitad del país. Pasó por las provincias del noroeste argentino y trascendió las fronteras hasta llegar a Perú. Luego reinició su improvisado trayecto desde Ushuaia hacia el norte-nuevamente-, con el objetivo de pintar toda la Argentina hasta Jujuy. En medio de ese insólito periplo fue que se encontró con nuestra ciudad, donde decidió pasar varias temporadas y se quedará, aseguró, “si continúan pasando cosas”.AVhoracioferrarifoto_Fabian_Figueroa2_calle_juramento

El proyecto “Camaleón” dio origen a los murales aún presentes en la calle Juramento, cuando aún no existía el popular circuito de bares. A cuatro años de su concreción,  Ferrari comentó que tiene la intención de restaurar aquel espacio con materiales reciclados. Para ello cuenta con el interés de varios locales cercanos, jóvenes que se quieres sumar, y sólo resta el apoyo del sector oficial.

Recuerda que inmediatamente después a ese proyecto, se le ocurrió el “Túnel Sensorial”, una “instalación” que proponía al espectador internarse en la obra para indagarla a través del tacto y la audición. Especialmente  proyectado para personas con discapacidades visuales o auditivas, también permitía el ingreso del público general con los ojos vendados.

Foto: Mural de calle Juramento

En conversaciones previas, Horacio Ferrari manifestó que una obra artística puede considerarse como tal, a medida que permite ser percibida por todos los sentidos y  no sólo con la vista.

Actualmente convoca a jóvenes para pintar murales en distintos barrios.

Algunas de las últimas obras: Diseñó el gigantesco mural de la “Pachamama” que fue ejecutado por casi 30 artistas, en el anfiteatro detrás del SCUM; realizó una versión de “La Última Cena” para el hogar Emaús; con un grupo de adolescentes pintó la fachada y el interior del ex hogar Gutiérrez; entre tantas otras pinturas repartidas en diversos locales comerciales de Bariloche. Cabe destacar que muchas de estas obras AVhoracioferrarifoto_Fabian_Figueroaexhogar_gutierrez_2fueron con la colaboración de su pareja, la también artista plástica Marina Mitchell.   

Los viajes permiten cosechar y sembrar experiencia. Es que poco antes de instalarse-¿definitivamente?- en Bariloche, viajó a Tailandia y Australia. Este fue un envión que aprovechó junto a Mitchell, para pintar murales en aquellos contextos tan diferentes.

Hace algunos años, Ferrari también fue a Europa, y aprovechando la cercanía entre países, recorrió varios puntos neurálgicos de la cultura occidental. En España, comentó, “me sentaba con un atril y me ponía a pintar en la calle y mangueaba monedas, de eso vivía”.

Foto: mural del Salón Azul del Ex Hogar Gutierrez


Muralismo local

Es inevitable un comentario sobre los muralistas mexicanos que dieron inicio a esta corriente. Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros son nombres aún resonantes. En tanto, nuestro país no permaneció ajeno, dado que fue uno de los primeros en profesionalizar la disciplina con la apertura de la carrera de Muralismo y Arte Público en la Universidad de la Plata. Con motivo de la última dictadura militar dicha carrera fue cerrada hasta su re apertura en el año 2007.

Aún más cercano a nosotros, Bariloche también posee una incipiente aunque intensa proliferación de murales. Es cierto que algunos están más deteriorados que otros, pero este es un proceso natural que lleva a los artistas a nuevos proyectos.

Para comenzar a pintar un mural –en cualquier parte del mundo-se necesitan  tres condiciones específicas: pared, pintura y gente. Es una actividad colectiva, que, en todo caso, puede contener una multiplicidad de individualidades. Ferrari permite que sus colaboradores se expresen libremente, sin imponerles criterio riguroso alguno. AVhoracioferrarifoto_Fabian_Figueroamuraldecallemorenoypalacios

“Asia -comentó-me llamó la atención por aquello de que la obra es más importante que la persona". Experiencia que lo llevó a adoptar la costumbre de no firmar sus murales,  “para que no piensen que son míos, lo importante es el mural, no yo”, afirma.

En esa línea distinguió al muralismo del grafiti, ambas disciplinas callejeras aunque portadoras de criterios bastante particulares. Destacó que en el mural se ve  un “diálogo, entre la pared, la pintura y el que lo mira. El mural tiene que alejarse del ego. Tenés la posibilidad de cambiar mentes, para el bien o para el mal, según lo que quieras hacer, y me parece algo útil. El que pinta solamente  su nombre y ni siquiera se entiende-como el grafiti- es lo mismo que nada. Lo único que hace es cambiarle el color a la pared, y se convierte sólo en una lucha de egos”. Sin embargo, Ferrari confiesa una gran admiración por el misterioso grafitero británico Banksy.

 

Foto: mural ubicado en Moreno y Palacios


Comienzos de Ferrari en el Bellas Artes

Horacio Ferrari nació en la ciudad de Buenos Aires en el año 1978. Comenzó su afición al dibujo a los 8 años.

AVhoracioferrarifoto_Fabian_Figueroaexhogargutierrez“Terminé el secundario, no sabía qué iba a hacer. Entonces  hice el ingreso al Bellas Artes, sin saber pintar, en la Prilidiano Pueyrredón”, actual Instituto Universitario Nacional de Arte (IUNA). Asegura que aprendió a pintar en tres clases del curso de ingreso hasta el examen final, que era la entrega de un cuadro. Todavía aliviado señaló: “Ahí dije: ´Bueno, menos mal, entré, si no entraba no iba a saber qué hacer”.

“Cuando empecé el Bellas Artes, no sabía quién era Picasso. No sabía nada, de arte cero”, confiesa. En sus primeros cuadros se puede apreciar una etapa más bien “experimental”. Comenzaba a conocer la obra de Pablo Picasso, Wassily Kandinsky, Jackson Pollock, “y experimentaba. Por ahí hacía algo cubista y después lo mezclaba tirándole pintura encima”, agregó.

Foto del mural completo del Salón Azul del Ex Hogar Gutierrez.

Ferrari señaló que los temas sobre los que pintaba, en un principio “eran muy personales”. “Estar sentado mirando el cuadro, y esa sensación pasarla a un dibujo en papel y ´hacer un cuadro de cómo yo me sentía por dentro sentado mirando un cuadro´”, explicó.

“Después cuando salí a viajar y a pintar los murales el tema pasó a ser la tierra, y ahí sí me trabé más, casi siempre eso y pintando algo de la naturaleza”.

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