César Brie, un forjador de públicos

César Brie, un forjador de públicos


El reconocido dramaturgo y actor pasó por nuestra ciudad y dejó su impronta con dos obras de teatro este viernes y sábado pasado. El lugar elegido, la sala de actos de la Escuela N° 16, lugar que en otras épocas supo alojar también al arte escénico local. Dos noches a sala colmada, en su mayoría por gente de teatro, y un público que ya se vuelve frecuente de ver de estudiantes de la carrera de arte dramático de la universidad de Río Negro, quienes pudieron disfrutar de quien marcara un rumbo en el teatro latinoamericano con la fundación del Teatro de los Andes en los '90 en el vecino país de Bolivia.

 

Dos unipersonales creados por el propio actor fueron los elegidos para la fugaz visita de este exponente del teatro en Bariloche: “120 Kilos de Jazz” y “Sólo los giles mueren de amor”. En esa misma semana también brindó un taller intensivo de entrenamiento corporal, que supo congregar a veinte participantes, y que según el propio Brie se encontró con actores con una “muy buena preparación”. Esto se enmarcó en lo que fue el 9° Circuito Nacional de Teatro, organizado por el INT y auspiciado por la Secretaría de Cultura Municipal, y que por primera vez llegó a Bariloche.

Cada obra duró aproximadamente hora y media. Brie fue el único actor, recreando a los múltiples personajes de sus historias, aunque en “120 Kilos” hizo partícipe al público presente en varias oportunidades, y en la segunda, del día sábado, tuvo la participación del bandoneonista local Alejandro Otsubo, quien musicalizó en vivo algunas de sus escenas, y en el cierre se sumó la actriz Aravina Juarez, poniendo su dulce voz al final de la obra. El público se distribuyó en forma de herradura, rodeando al escenario, en un mismo nivel, donde se fueron desarrollando las acciones, lo que hacía que el actor pudiera entrometerse con “algo” de facilidad entre los presentes y encontrara a su partener para ntroducirlo en la historia por algunos instantes.

Las historias en apariencia eran sencillas. Un ilusionado enamorado con “120 kilos de pasión” que desarrollara una estrategia poco creíble para ingresar a la fiesta de su amada (que no sabe de su condición de pretendida), pero que Brie logra introducirnos en ese mundo de fantasía y acompañar al Gordo Mendez en su proeza de amor. Al otro día, el Flaco tomó protagonismo, personaje que también estuvo presente el día viernes, y que ahora en su propio velatorio comienza a deshilvanar su propio viaje en la vida, y donde los recuerdos se mezclan con anécdotas y experiencias de la infancia, adolescencia y su adultez.

 

GB: “Sólo los Giles mueren de amor” ¿es tu camino en la vida?

CB: No importa si es mi camino, sino lo que importa es que el otro se reconozca. La fuente de un trabajo siempre es autobiográfica, es raro que un artista no cuente algo de sí, pero eso no importa sino que un otro se refleje en lo que se quiere contar. Yo puedo mentirte y vos me crees, te digo la verdad y me crees, el problema es cuando no te creen de ninguna manera.

 

Las obras fueron escritas y representadas por primera vez en Bolivia, cuando Brie perteneció al Teatro de los Andes en los '90. Sus historias recurren al humor como recurso para llegar al público.

 

GB: ¿Hay una identificación del público en tus obras?

CB: Más que una identificación es un proceso de reconocimiento. Yo veo lo que soy y lo puedo razonar, una parte del reconocimiento no solo está en la emoción sino en la cabeza. Es mucho más difícil este camino, y el recurso del humor es importante para distanciarse. Las dos obras son cómicas, la primera más y la segunda tragicómica. Yo considero que si no hay sentido del humor no hay teatro, para que la gente se conmueva debe primero reírse, cuando el público se ríe se abre, y cuando se abre, vence a la cabeza. Yo en mi forma de hacer teatro busco la conmoción, es el lugar donde corazón y cabeza se unen, que es lo que busco. Para lograrlo la metodología que utilizo es el grotesco, incorporando técnicas de clown, humor para todos. A las obras las considero como los viejos Palimpsesto, que son esos viejos pergaminos que se cubrían con grasa y se reescribían. Con el tiempo se van rompiendo, hay muchas lecturas, muchas escrituras, yo creo que las personas más cultas pueden ver las más profundas, pero todos deben comprender la historia. Por eso mi teatro, aparentemente es muy sencillo pero es muy complejo en el hacerse, pero debe llegar como agua clara.

 

Su propio viaje

A los 15 años comenzó teatro en la ciudad de Dolores, provincia de Buenos Aires. Antes con su familia conoció el sur argentino viviendo en Tierra del Fuego. Al fallecer su padre se vio obligado a trabajar. Al terminar la secundaria deja todo y se dedica al teatro.

 

CB: Me llamó el grupo La Comuna de Baires con ellos comen a trabajar. No era una comunidad sino un grupo de teatro. Ese grupo es reprimido en el '74, uno de mis compañeros es raptado y torturado, se escapa y se va a Italia, yo me voy a vivir a otra ciudad, y al cabo de un par de meses me llaman desde Italia y me piden que vaya y me mandan un boleto de avión.

Su primer destino fue el viejo continente donde cosechó una abundante carrera en lo teatral. En Italia funda en 1975 el Teatro Tupac Amaru, y luego impulsa su carrera junto al Odin Theatre de Dinamarca. Hasta 1984 fue asilado político por Naciones Unidas, ya que al pedir la prórroga por el servicio militar lo quisieron repatriar y nuestro país se había oscurecido bajo la dictadura militar.

A mediados de los '80 decidió volver a la Argentina. Vino con dos espectáculos, buscando un lugar donde fundar un teatro. Durante la charla, Brie reconoció haber llegado a Bariloche en 1988, “vine una vez cuando estaba buscando hacer mi teatro. Estaba en Puerto Montt, me vine a buscar una persona que hacía teatro en Bariloche, pero el día que llegué su teléfono no respondió y llovía a cántaros. Me fui”.

Quería volver a América Latina, en los '90, ahorró dinero, y se fue a Bolivia, en donde estuvo 20 años.

 

CB: “Fundé un teatro, que se volvió conocido, estaba cerca del río, teníamos un gran galpón, una huerta, teníamos donde alojar a la gente, ahí preparábamos las obras y salíamos a trabajar. Se volvió como una especie de lugar de peregrinación, de jóvenes que querían hacer teatro, los alojábamos, trabajábamos, dábamos talleres, del 1991 hasta el 2010. El grupo sigue pero yo me separé de ellos en el 2009, pero el lugar todavía está. Por razones familiares me volví a Italia donde estoy actualmente y ahora estoy buscando donde crear en teatro, quiero volver a la Argentina”.

 

El Teatro de los Andes está en Yotala, un pueblo a 18km de Sucre, antigua capital de Bolivia y de donde es la primera Universidad de América Latina donde estudiaron Moreno, Castelli, Belgrano y Monteagudo.

 

GB: ¿Por qué Bolivia?

CB: “Bolivia tiene una cultura tradicional muy fuerte, si iba a ser un migrante de nuevo quería hacerlo en un lugar que valiera la pena ser migrante. Me tenía que enfrentar con la cultura indígena además de la cultura del latinoamericano medio, porque además Bolivia era un imposible. No había ningún sostén para nada de teatro, ninguno Instituto de teatro, ningún taller. Fue un desafío porque quería hacer teatro ligado a las personas. Quería responder a un público, y que fuera al mismo tiempo de vanguardia y de búsqueda, ligado a las personas, no quería un público que estuviera ligado a que cuatro intelectuales que dicen que es interesante lo que hago, sino que llegara a las personas. Y eso traté de crear, una cuadratura de círculos que nunca pude lograr pero que siempre intenté”.

 

GB: ¿Cómo fue tu inserción en Bolivia viniendo de una cultura europea?

CB: “No, yo soy argentino. Uno aprende de todos lados, si mirás, estudiás, trabajás y escuchás. El drama de los centros es que se miran a si mismos. Le pasa a Europa, y a América Latina; le ocurre a Buenos Aires con respecto a este país, le ocurrirá a Bariloche con relación a los pueblos cercanos. Todo centro se mira el ombligo, entonces, yo creo que la visión debe lograrse estando en la periferia de todo y observar el todo. Yo no necesito vivir en un centro para trabajar para vivir. De algún modo está adentro lo que quiero decir, después vas enriqueciendo, mirando, estudiando. Cuando sos joven necesitás del ruido para crear, a cierta edad, el ruido está adentro, el ruido está ahí. Ya no necesitás estar ahí sino verlo”.

 

GB: Pero, ¿cómo fue ese encuentro con tu teatro con esa cultura, como definiste fuertemente indígena y del latinoamericano medio, tan particular de este continente?

CB: “Te lo grafico con una anécdota. Cuando yo hago la primera obra en La Paz, en un teatro para 700 personas, y para la cual se habían hecho anuncios en televisión, notas en los periódicos, hubo dieciocho espectadores, cinco amigos y siete periodistas. Uno de esos amigos amigo compró tres entradas porque por menos de 20 no abrían el lugar. Al final los periodistas me interrogan y me dicen, obviamente para ellos tomarle el pelo a un argentino era maravilloso, ¿cómo le fue? Y yo le contesté: yo estoy feliz porque peor que así no es posible, ahora sé lo que tengo que hacer. No hay teatro, no hay público, los grupos y los teatros están vacíos. Me tengo que salir de los teatros e irme a las escuelas, a los barrios, tengo que crear un público. Y de hecho en ese mismo teatro, cuatro años más tarde había revendedores que vendían al doble o triple las entradas porque estaba todo agotado, como los estadios de fútbol, porque había 700 personas que querían ver la obra. En cuatro años habíamos dado vuelta esa realidad, y eso fue nuestro trabajo, lograr, crear, hacer necesario algo que es superfluo. El teatro, como toda forma de arte es superflua. Y cómo te das cuenta, porque todo el mundo busca cómo entrar gratis, vos no te preguntás nunca a ver si me dan gratis el pan, lo pagás. Hay una hermosa obra de Bulgákov que habla de esto. El teatro es superfluo no es frase mía es de Brecht, que dice que de lo superfluo también se vive. Entonces también por el arte, por la belleza también se vive. Es la belleza, esa relación con lo bello, no se puede vivir sin eso, sería muy triste. Eso fue Bolivia, cómo cambiar esas reglas de juego y volverlas necesarias para esa gente que siempre vuelve. Al público de teatro que le impacta, que lo conmueve y que lo toca, es un público fiel, vuelve. A alguien que te ve a las 12 años en la escuela, te vuelve a ver cuando es un adolescente, joven y te vuelve a ver con sus hijos”.

Visto 634 veces Modificado por última vez en Miércoles, 01 Octubre 2014 10:07
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