L. H.


Liliana Herrero no es una cantante de folklore. No es una intérprete del cancionero nacional y latinoamericano. No es una voz a la que una banda acompaña. Lo que hace Liliana Herrero es otra cosa que quizás se pueda describir, pero que aún no tiene nombre. Liliana inauguró en 1986 un gesto que todavía perdura, que se fue intensificando, profundizando, ramificando, expandiendo y también concentrándose. Y ese gesto implica en su amplitud cuestiones que exceden la competencia de una cantante. Una nota de Pablo Rasetto, Músico, Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. . Fotos gentileza teatro La Baita.

 

En 1986 no existía el contexto donde su canto hubiera podido proliferar. No parecía posible que una voz folklórica femenina pudiese, en un mismo disco, abarcar registros tan distintos entre sí y tan distintos a lo que hasta allí había señalado, como extremo expresivo, Mercedes Sosa. De manera que debió crearse su propio contexto musical con la incorporación por primera vez en la música argentina de una especie nueva de minimalismo electrónico, intercalado entre gestos tradicionales a los que redibujaba con intervenciones inusitadas. A partir de allí, las posibilidades expresivas de la música nacional se ampliaban, y no solamente en el registro vocal, sino y sobre todo en el diálogo de la voz folklórica con actitudes musicales que tampoco iban por el lado que el gran Chango Farías Gomez – otro imprescindible- se consagró a llevar adelante y que también abrió su brecha. Este diálogo nuevo para la música argentina desplegaba así un espacio inexplorado para los cantantes, para los instrumentistas, para los arregladores, y también para los compositores, que, creo, aún está por explorar.

Las autopistas y los caminos vecinales de tierra se van uniendo en busca de nuevos destinos que nosotros mismo estamos obligados a construir, mezclan una amplísima experiencia cultural que la vida contemporánea nos va proponiendo de las formas más diversas, con nuestras experiencias singulares de haber nacido, mamado y amado en un territorio concreto del mundo. Eso, precisamente esa exploración, es la que ha acometido Liliana Herrero desde su gesto inaugural en 1986. Se propuso y nos propone una manera de encararnos con las manifestaciones culturales de nuestro tiempo, nos plantea una ética y una política, una manera de hablar, de decir, de colocar la voz y el cuerpo entre el caos, el ruido, la inmensa masa de estímulos culturales. Nos propone una manera de conocer, una estética asociada al conocimiento. Y por eso, decía al comienzo que lo que hace Liliana Herrero trasciende las atribuciones que generalmente otorgamos a un cantante o un intérprete. Liliana Herrero es, si, una intérprete, pero no solo de música folklórica, sino de todo el fenómeno cultural contemporáneo.

 

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Visto 541 veces Modificado por última vez en Miércoles, 19 Noviembre 2014 20:56
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